Munigua: Un pueblo romano secreto a una hora de Sevilla. Parte I, la zona terrenal.

   En la provincia de Sevilla existen varios yacimientos romanos, el más conocido de todos, y mucho más desde su aparición en la famosa serie Juego de Tronos, es el de Itálica en Santiponce, el lugar donde nacieron los emperadores Trajano, Adriano y Teodisio I el Grande. 

   Munigua puede que no tenga el glamour de Itálica, ni tampoco tan vecinos ilustres, sin embargo la ciudad es tan singular que su visita resulta muy aconsejable.

   Pero conocer Munigua no es tan sencillo como Itálica, ya que al contrario que esta última, que está situada en un entorno urbano de fácil acceso, Munigua se encuentra en mitad el campo, en concreto en las primeras estribaciones de la Sierra Norte de Sevilla, a unos 8 kms del pueblo de Villanueva del Río y Minas y un poco más de a una hora de Sevilla.

   Es importante saber que buena parte del camino desde Villanueva del Río y Minas hasta Munigua no está asfaltado, y además no se puede acceder en coche hasta las puertas de la ciudad, sino que lo tienes que dejar en un parking, o mejor dicho, en un descampado a unos 2 kms ida (y otros tantos de vuelta), por lo que lo tienen que tener muy en cuenta esto si viajan con niños.

  ¿Por qué los romanos decidieron levantar una ciudad "donde Cristo perdió el mechero"?...bueno en realidad lo que hicieron los romanos fue lo de siempre, vieron dónde estaba los recursos que necesitaban y entonces derribaron el antiguo pueblo ibero de la zona para levantar su propia ciudad, que llegó a ser el primer productor de hierro de toda la Bética romana.

   Munigua no sólo tiene un acceso incómodo, además las ruinas sólo se pueden visitar en horario de Miércoles a Domingo de 10h a 14h, quedando prohibida la entrada fuera de este margen, dado que la finca que hay que atravesar para llegar es de propiedad privada.

    Sin embargo, estos factores a priori negativos tiene su lado bueno también, y es que, el paseo es bastante agradable por mitad de un bosque mediterráneo, con grandes árboles con mucha sombra donde poder hacer un picnic (eso sí, dentro del horario de visita), donde se está cerca de reses bravas en libertad (no se preocupen que ellas van a lo suyo detrás de las cercas), y lo mejor es que la afluencia de visitantes, aunque cada vez es mayor, no llega a ser agobiante, cosa que se agradece y más en estos tiempos.

   Así que, tras 1,5 kms caminando, veremos a lo lejos los contrafuertes traseros de los templos romanos situados en la colina de Mulva, como también se le conoce a la ciudad.

   En pocos minutos desde aquí ya se accede al recinto que ocupaba la vieja ciudad minera, y lo primero que nos encontramos son los restos de la antigua muralla que protegía la ciudad. Como os decía antes, esta ciudad es bastante singular, y una de sus rarezas es precisamente su muralla, ya que nunca llegó a cerrar del todo el recinto, quedando incompleta.

   La muralla empieza y acaba en la ladera de la colina donde están los templos, así que se cree que la intención era juntarlas con esta construcción, pero finalmente no se llegó a ejecutar las obras, por lo que la muralla, aunque contaban con torres defensivas cada 50 metros, resulta un poco inútil.

   Una vez atravesada la muralla entramos ya propiamente en el Municipium Flavium Muniguense, y son muchos tesoros que se pueden ver en la ciudad. En esta primera entrada me voy centrar en la parte que autodenomino la zona terrenal de Munigua. Me explico mejor, otra de las peculiaridades de esta ciudad es que se construyó en forma de terrazas alrededor de la Colina Sagrada, un lugar en cuya cima  construyeron templos y santuarios dedicados a los dioses y al emperador. Esta disposición en terrazas es algo único en iberia.

   A medida que descendemos por la colina, en la parte media, nos encontramos templos de divinidades posiblemente menores así como el foro público, y finalmente en la parte baja, la terrenal, nos encontramos la zonas más mundanas, que incluye estructuras como las casas, las tiendas, las necrópolis, la muralla o también las Termas 

   En toda ciudad romana que se precie, no pueden faltar unas Termas, fundamentales para la higiene, el ocio y el relax de sus habitantes, y Munigua cuenta con la suya, que, a pesar de ser muy pequeña y de no contar con espacio por ejemplo para una palestra o gimnasio, era suficiente para la población de la ciudad. 

   El acceso se hacía a través del frigidarium, la sala fría, y anexa a la misma nos encontramos con una bañera de agua fría.

   El siguiente habitáculo es el Apodyterium, es decir, el vestuario y, este esconde una sorpresa y es que todavía conserva resto de pinturas murales en su interior. Para asegurar su protección, todo este recinto ha sido techado

   También se conservan pinturas en el Ninfeo, una estancia accesible desde el Apodyterium en donde se cree que estaría la estatua de una venus o ninfa cuya cabeza se encontró en el frigidarium, y que pone nombre a la estancia. Hoy en día esta estatua está expuesta en el Mueso Arqueológico de Sevilla.

   Por contra no es accesible ni el Tepidarium (sala de aguas templadas), ni el Caldarium (sala de aguas calientes) ni el Praefurnium (el horno utilizado para caldear las anteriores salas), pero si que se pueden ver desde el vestuario.

   Se aprecia perfectamente el Hypocaustum o sistema de calefacción del suelo por donde conducían los gases y aguas calientes desde el horno. La altura entre el suelo del hypocaustum y el de las salas calientes sería de unos 40 o 60 cm lo que se cree que permitía caldear estas salas hasta los 30 grados. En primer plano podemos ver el Tepidarium, un poco detrás estaría el Caldarium y finalmente, pegado a la sala más caliente, lógicamente estaría el Praefurnium del que no quedan apenas restos visibles.

   Las termas también estaban equipadas con un pozo de agua y letrinas, y por supuesto un sistema de cañerías para el desagüe del agua utilizada.

   En la Calle de las Termas, en la parte terrenal de Munigua, se levantaban varias Casas romanas cuya plantas se pueden apreciar. Estas casas, sietes las excavadas hasta la fecha, son en realidad "casoplones" pertenecientes a las familias más privilegiadas encargadas de las explotaciones mineras. No existen dos iguales dado que tuvieron que adaptarse a lo abrupto del terreno, y quizás la más grande de todas fuese la Casa 1, que llegó a tener 500 m2 y 22 habitaciones.

   Es realmente complicado imaginar que un día está casa tuvo un aspecto parecido a este..

   Entre sus lujos, esta casa contaba con un horno y una prensa de aceite, aparte de un peristilo (patio abierto y porticado por sus cuatro lados) y un triclinium (sala de banquetes), y por supuesto cocinas, almacenes, dormitorios, etc.

   Adosada a la Casa 1, nos encontramos con la Casa 6, también de enormes dimensiones y con los mismos lujos, aunque de construcción algo posterior.

   Al igual que la anterior, esta casa también da a la Calle de las Termas y como en la Casa 1, toda su estructura gira en torno a tres habitaciones principales, el vestíbulo, el peristilo y el triclinium. Hay que decir que ambas casas tenían dos plantas de altura.

   La siguiente vivienda es la Casa 2, pero esta vivienda de lujo da tanto a la Calle de las Termas como a la Calle del Foro, aquí ya pasamos de la zona más terrenal a la más noble, puesto que está pegada a la Basílica. Por su privilegiada situación, esta es sin duda la vivienda de alguien muy importante en la ciudad, posiblemente un miembro del senado local.

   También contaba con dos plantas y una de las habitaciones de la planta baja, era un Taller con prensa de aceite.

   Esta habitación, como otras de esta casa contaba incluso con armarios empotrados y se cree que los habitáculos que dan a la calle de las Termas en la planta baja eran en realidad tiendas y almacenes, probablemente de aceite y otros productos.

   La entrada de esta casa por la planta baja se realizaba por un pórtico situado aquí, y probablemente se accedía directamente a la cocina y a un posible thermopolium (una taberna), vamos que la planta baja de esta casa era lo más parecido a un centro comercial de la época con tiendas y lugares para comer.

   Voy a ir cerrando esta primera parte de nuestro recorrido por Munigua, pero todavía nos queda un último secreto en esta parte baja o más terrenal de la ciudad, las necrópolis.

   Munigua contaba no con una, sino con dos necrópolis, pero lo curioso es que parte de estas necrópolis estaban situadas en la parte intramuros de la ciudad, lo cual iba en contra de la propia ley romana que impedía que los cementerios estuviesen dentro de las urbes. En Munigua, los cementerios se construyeron antes que la muralla, sin embargo, cuando levantaron esta no cambiaron su delimitación para adaptarse a las necrópolis y dejaron parte dentro y parte fuera. 

  En la necrópolis oriental podemos ver restos de un mausuleo construido entre principios y mediados del siglo II.

   En su interior se encontró cinco enterramientos, dos de inhumación y tres de incineración, todos ellos miembros de una misma familia sin lugar a duda perteneciente a la élite de la ciudad. Los cadáveres iban acompañados de un ajuar más o menos rico consistente en vidrios, terracotas, pendientes, anillos, perlas, espejos, etc... y que hoy en día se conservan también en el Museo Arqueológico de Sevilla.   

   En este cementerio hubo enterramientos desde el siglo I hasta el siglo IV. 

   Su ubicación está algo apartada del conjunto principal que compone la ciudad, tendrán que andan no más de 5 minutos por el camino cerca de los baños atravesando un denso bosque hasta encontrar el mausuleo, las tumbas y restos de la muralla.

 Todas esta extensión, desde Colina Sagrada hasta aquí, probablemente estaría llena de las humildes casas de los mineros de las que no existen apenas restos visibles y que poco o nada tiene que ver con las mansiones que os he mostrado en esta entrada. Y sin embargo fueron ellos, los mineros quienes con su esfuerzo hicieron posible la prosperidad de esta ciudad durante 300 años. 

   Con esta reflexión finalizo esta primera parte de nuestra visita a Munigua, en la próxima entrada les hablaré sobre la zona "celestial" o sagrada de la ciudad. 

   Amicus Autem protinus te videre.  

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